Innecesariamente urgente

Recuerdo una anécdota de mi madre, en un viaje que hizo a Praga, para verme cuando vivía allí. El avión que tenía que coger aterrizaba en Barajas desde otra ciudad y al hacerlo golpeó con la cola en la terminal y tuvieron que esperar horas hasta que lo verificaran unos técnicos que venían desde Toulouse. Los pasajeros estaban, por decirlo finamente, acojonados. El comandante (ese señor que nunca ves ni por donde entra ni por donde sale) tuvo que dar una explicación a los allí presentes. Al terminar, cuando dijo < ¿Alguna duda?>, mi madre levantó la mano y dijo <Por favor, no corra, que me dan miedo los aviones>. Pues esa frase define al mundo, que no sé desde que momento, empezó a girar demasiado rápido, demasiado fuerte. Así que, a la vida, le digo la misma frase, por favor, no corra.

Hace tiempo que perdí la vergüenza. Dicen que según vas cumpliendo años te importa menos cagarte encima si hace falta antes que tener vergüenza y explotar por dentro. Aún no he llegado a eso, además, si tuviera que grabarme dándole un consejo a mi yo futuro le diría <procura no morir de viejo>. Por eso creo que la perdí en la que ahora es mi profesión, no en la edad, aunque a lo mejor por haber muerto un ratito… ¡Fue tan corto que cuando quise acordar seguía vivo! Por eso ya no me escondo de lo que hago, y si hablan, que hablen. Me encanta saber que alguien ahí sentando a quien no le importa nada mi trabajo le da al clic diciendo <a ver que gilipollez ha puesto este ahora>. He de decir que, como León Benavente, soy el tipo que te abraza aunque me caigas mal.

He tenido que mirar el bloc donde anoté el nombre de este articulo para no despistarme mucho. No hace mucho, volví a escribir. Empiezo a pensar que es una necesidad, por eso no lo puedo ver como profesión, porque seamos sinceros, si amas tu trabajo, eres un poco gilipollas. Lo que hay que amar son las personas, ama tu madre, tu novia, amigos, y si me apuras, a tu perro, pero no a un trabajo. Si el trabajo dignifica no tengo dignidad ninguna. Aunque al final no acabes en el infierno, intenta no salirte de su camino nunca. Intentad no acabar en el cielo ¡Dios me libre! Os recomiendo un relato. Leed un capítulo de La vida difícil de Slawomir Mrozek que se titula El juicio final, no tiene desperdicio, eso sí, hacedlo después de la clase de Yoga, Mindfullnes, pilates, spinning y el especial de gran hermano ultravip deluxe, así regeneráis un poco de materia gris. Tened cuidado con pensar, os puede hacer libres.

Esa necesidad me ha llevado a llevar varias historias a la vez. Supongo que habrá sido el tiempo contenido, o más bien el tiempo desperdiciado, que ha hecho que explote y no lo pueda controlar. Por suerte, tengo un grupo de lectores, el cual cada día crece, que no son miles, pero son personas, a los que a la mayoría les pongo nombres y apellidos. Es bonito saber que escribo para mí, pero lo lees tú. Y dejémonos de egos, me importa muy poco si soy bueno, de hecho tiendo a pensar lo contrario, aunque la mayoría diga que sí. No me conocen si piensan que hago esto por ego. Sé que he cuidado poco a mis lectores, y que debo más de treinta cafés de personas que me han dicho <vamos a quedar y comentamos el libro>, pero es que ya llevo cincuenta cafés con otros tantos y ¡El médico me prohíbe el café!

A ellos, solo les puedo decir que paciencia, que sí, que ya hay en marcha textos, pero no publicaré nada de ellos aún. Durante estos años la frase que más he escuchado es <escribe ya, quiero volver a leerte> y creedme, es bonito, lo agradezco, pero desde que dije que había vuelto a escribir muchos de ellos me dicen <pásame aunque sea un capitulo> y mi respuesta, si es que la doy, es no. Y no lo hago sencillamente por una razón. No quiero que algo que no es trabajo, que no es mi profesión, sea urgente. Me cansa vivir en un mundo de urgencias, injustificadas, y por supuesto, innecesarias. No, no lo son. No pasa nada si no ves blablabla land el día del estreno, ni siquiera pasa nada si no llegas a verla en el cine. No pasa nada si llegas tarde y estresado a una clase de gimnasio para desestresarte ¿Acaso no os dais cuenta? Llegas por la noche a tu casa sin ganas de vivir, de lo cansado que estás, porque has convertido todo en urgente, toda tu vida está horariozada (me acabo de inventar esa palabra). Mucha gente ya no lee, porque es lento ¿Para qué dedicar una semana a un libro para que me cuente una historia cuando puedo ver una serie de mierda que me cuente una mierda de historia en cuarenta minutos y poder dormir para al día siguiente trabajar, ir al gimnasio, a patinar, a jugar al pádel, las clases de inglés y una hora de bailes de salón? Pues entonces para qué voy a publicar aún un capítulo de la próxima novela para ti, lector, que sé que te lo vas a leer entero cuando salga, porque es innecesariamente urgente.

Alberto Aijón

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